¡Qué sensación tan horrible aquella que nos produce la frustración, la incapacidad de no poder hacer lo que queremos, la limitación que nos frena cuando queremos algo y no lo podemos alcanzar!

Sé que esto no es exclusivo de quienes tenemos EM o cualquier otra enfermedad; creo que es inherente al ser humano: sentirse frustrado  de vez en vez.

Quizás algunos no logren comprender la impotencia que se puede sentir cuando no podemos hacer las cosas más simples como ir a comprar o lavarse los dientes sin necesidad de ayuda (si no, amárrense por un día el dedo gordo de la mano, ¡no saben todo lo que se puede hacer con él!). Dicen que hay que estar en los pies del otro para saber qué se siente. Yo no lo creo así. No tengo necesariamente que tener lo mismo que tiene otra persona para poder comprender lo que siente. Es sólo tratar de “entrar en sus zapatos” e imaginar que caminamos con ellos por un rato…

Cuando por alguna razón nos sentimos incapaces de hacer algo es casi una consecuencia inmediata que nos sintamos mal (sobre todo si somos tercos e insistimos en querer hacer lo propuesto), deprimidos, decaídos, que no tengamos ganas de hacer nada y nos preguntemos ¿y ahora qué hago?…

Hace muy poco recibí una lección que deseo compartir con ustedes. Me sentía mal, cansada de seguir en la lucha diaria para hacer una vida como la de todos. Entonces recibí unas hermosas rosas amarillas y un libro del cual les transcribo:

… una vez más los humanos pidiendo ayuda. ¿Por qué es tan difícil que entiendan que son ellos mismos los hacedores de su propio destino? ¿Acaso no se dan cuenta de que si ellos trabajan realmente duro por lo que desean, la vida los llevará a puerto seguro? (…)

(…) no se dan cuenta de que la vida a veces los pone en situaciones en que ellos tienen que esforzarse para conseguir lo que desean (…)

(…) ¡Tener fe!. Creer en algo sin poder demostrarlo (…)

Malva me dio una gran lección de vida, una que ni ella misma supo, pues los amigos, cuando están cerca, no necesitan hablar, no necesitan preguntarnos qué nos pasa y sólo actúan sin esperar nada a cambio, o sí, esperan que nuestra respuesta sea sentirnos mejor, sentirnos reconciliados con la vida y mirar hacia adelante.

Es bello recordar lo que hemos hecho y vivido en el pasado, pero no se puede vivir en  y de él, por eso prefiero el día, el hoy y aunque trato de que siempre sea así, a veces lo olvido. Felizmente, siempre tengo alguien cerca que me lo recuerda. Así, lo piso con fuerza, gozo de su sol, aunque no pueda disfrutarlo abiertamente; siento su frío, me abrigo y pienso en qué bueno es tenerlo, sí, al presente.

Sé que es breve, que es corto, que muy pronto pasará, que no voy a poder cambiarlo ni ponerlo en limpio… (todo pasa, eso es lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno, como diría mi bruji querida), como tampoco puedo planificar demasiado el mañana: es un momento que aún no existe.

Ayer fui. Mañana seré. Hoy soy. Por eso es que aprovecho el hoy para decir lo que pienso, para expresar lo que siento, para ayudarte si lo necesitas, para compartir lo mucho o lo poco que tengo.

Lo leí en alguna parte y me parece muy sabio, “porque hoy respiro, transpiro, pienso, oigo, sufro, huelo, lloro, trabajo, toco, río, amo…” “Estoy vivo ¡como tú!”.

Por eso disfruta HOY de lo que tienes, no pienses en lo que ya fue, el pasado quedó en el camino y sólo es parte de nuestras memorias, gratas o no, pero ya está a nuestra espalda y nada podemos hacer para que vuelva o para cambiarlo.

El mañana todavía no está y por más que tengamos un plan, metas y objetivos que nos hayamos propuesto alcanzar, no sabemos qué puede pasar. NADIE LO SABE.

Por nuestras vidas, por nuestros HOY y por lo que venga (sólo dejemos que venga, claro, que esto no significa vivir “a la loca” sin tener un rumbo o un plan de lo que queremos alcanzar), disfrutemos el día que vemos y si caemos tratemos de levantarnos. El tiempo es corto como para no aprovecharlo y sólo verlo pasar. Siempre hay una o muchas razones para seguir adelante. Siempre habrá alguien o muchos a nuestro lado para compartirlo.

 

 

Ana Chereque G.