¿Puede afectar el estrés a la evolución de la esclerosis múltiple (EM)?

 

Mucho se ha discutido sobre el impacto del estrés en las personas que tenemos esclerosis múltiple, ¿Nos afecta? ¿Impacta en el empeoramiento de nuestros síntomas o en la enfermedad?

El estrés puede deberse a distintas razones que la vida diaria nos impone. Desde problemas en nuestro lugar de trabajo, problemas o separación de la pareja, la pérdida de un ser querido, mudarnos del lugar en el que hemos vivido, problemas económicos, etc. El estrés en general, provoca en las personas una sensación de tristeza, malestar general, desgano e inquietud.La esclerosis múltiple resulta ser ella sola un factor estresante para quienes la tenemos en la medida en que sabemos que es crónica, aún no tiene cura y es potencialmente discapacitante.

Según múltiples estudios, parece claro que los eventos vitales estresantes y, en particular, cómo reaccionamos ante ellos, pueden disparar la aparición de nuevos brotes.

Los científicos de varias universidades americanas han demostrado, en animales de experimentación, cuál es la base molecular que puede provocar que el estrés desencadene un brote de EM. También se ha comprobado, mediante estudios epidemiológicos, la aparición de un mayor número de brotes en personas sometidas a factores estresantes.

Al parecer, el estrés va a producir transformaciones en nuestro sistema inmunológico que va a favorecer la actividad inflamatoria en el cerebro y por ello la progresión de la enfermedad.

Entendiendo qué es lo que pasa en nuestro sistema inmunológico durante episodios estresantes

En nuestro sistema inmunológico debe haber un equilibrio entre la actividad de las células que producen inflamación (las llamadas linfocitos Th1) y otras que producen todo lo contrario, es decir, actividad antiinflamatoria (las llamadas linfocitos Th2). Estos dos tipos de linfocitos, al activarse, segregan unas sustancias llamadas citoquinas, que producirán o disminuirán la inflamación.

Una de estas citoquinas segregada por los linfocitos Th1, se denomina factor de necrosis tumoral alfa. Cuando este se eleva en la sangre, aumenta el riesgo de sufrir un brote para los enfermos de EM.

En estudios que han medido esta sustancia en sangre después de un evento estresante como, por ejemplo, después de haber dado un examen final de carrera,han mostrado un incremento importante un día después de realizar el mismo.

Otro estudio realizado en 50 mujeres con EM, examinó la probabilidad de sufrir una crisis después de un evento estresante. Casi la mitad sufrió un brote en las seis semanas posteriores a la situación estresante. Las crisis o exacerbaciones fueron más frecuentes en aquellas a las que afectó en mayor medida esta situación vital. La afectación se evaluó midiendo el aumento de la frecuencia cardíaca y la tensión emocional. En este mismo estudio se demostró que la utilización de técnicas de meditación fue muy positiva e hizo disminuir la aparición de nuevos episodios después de esas situaciones vitales estresantes.

En una investigación llevada a cabo en 70 pacientes con EM del tipo remitente-recurrente, que sufrieron una situación de estrés importante, los autores observaron que el riesgo de sufrir un nuevo brote se multiplicaba por dos en las cuatro semanas siguientes. Si la persona sufría una infección, independientemente del estrés asociado a la infección, el riesgo de sufrir un brote se multiplicaba por tres.

¿Es posible que el estrés genere la aparición de nuevas lesiones posibles de verse en la resonancia magnética (RM) al cerebro?

Se ha investigado la evolución de las lesiones observadas en la resonancia de pacientes con EM y que han sufrido una situación estresante. Se ha demostrado que durante las ocho semanas siguientes a esta situación, el riesgo de que aparezcan nuevas lesiones se duplica, aunque no se manifiesten clínicamente. En aquellos pacientes, afectados en menor medida por dicho evento vital estresante o en aquellos que realizaron ejercicios de meditación o relajación, la probabilidad de aparición de nuevos brotes disminuía.

El estrés a corto plazo, es decir eventos como la molestia por el tráfico o la ansiedad que genera llegar impuntual a una cita, la discusión con un vendedor, no va a producir estos efectos. Sin embargo, las situaciones vitales estresantes persistentes como los conflictos familiares y sociales crónicos, con poco apoyo interpersonal y duelo prolongado, que producen ansiedad y depresión, sí son factores de riesgo de aparición de nuevas crisis de EM y aumento de las lesiones en la RM del cerebro.

Es importante para nosotros desarrollar entonces estrategias para minimizar los efectos del estrés muy fuerte o vital.

No hay una receta única que nos diga cómo lidiar con el estrés; sin embargo, es necesario entender que este puede impactar no solamente en el empeoramiento de algunos de nuestros síntomas comunes, espasticidad, dolor, rendimiento cognitivo, problemas de estreñimiento, etc., sino en un avance de la enfermedad.

Debemos empezar por expresar nuestros sentimientos, compartir lo que sentimos y si notamos que no podemos solos porque “la carga” es muy pesada y no tenemos manera de llevarla, buscar ayuda profesional, un psicólogo clínico, un psiquiatra nos ayudarán en la tarea.

Algunas sugerencias para manejar el estrés

ü  Reconocer lo que nos está afectando y aceptar que es momento de hacer algo porque sino impactará en la evolución de nuestra enfermedad.

ü  Pensar en el día, si vivimos anticipadamente es posible que estemos angustiados por lo que no sabemos si pasará.

ü  Dedica tan solo unos minutos por la mañana a lo que te estresa, déjalo luego de lado y sigue con tus cosas. No des más vueltas sobre lo mismo todo el día.

ü  Identifica qué es lo que te produce temor, miedo, ansiedad, anótalo en un papel, léelo y luego bótalo a la basura.

ü  Evitemos sentirnos culpables, si hay algo que arreglar hagámoslo y listo.

ü  Conversa con un amigo, comparte lo que sientes, expresa tus sentimientos, te sentirás mejor.

ü  Medita, respira, haz ejercicios de acuerdo a tu energía, tus posibilidades.

En Conclusión.

El tener la enfermedad no es una excusa para vivir estresados todo el tiempo, es importante reconocer que el estrés tiene un impacto importante en nuestra salud, en el empeoramiento de síntomas y en la propia enfermedad.Por ello se vuelve vital encontrar las herramientas para aprender a lidiar con él. No podemos decir que “viviremos sin estrés” sabemos bien que no es real, la vida misma es un estrés; sin embargo, depende de nosotros ser conductores de nuestra vida, de nuestra salud y de lo que hacemos para estar lo mejor posible.

Adaptado de: Dr. Antonio Yusta Izquierdo. 2015.