¿AYUDA EL CONSUMO DE OMEGA -3 Y OMEGA -6 EN LA EM?omega 31

Hay algunos indicios que permiten sugerir que la dieta con una ingesta alta de ácido  icosapentaenoico, que es un ácido graso poliinsaturado esencial de la serie Omega– 3 y ácido docosahexaenoico (DHA),  podrían contribuir a la prevención e incidencia de una enfermedad neurodegenerativa como lo es la esclerosis múltiple.

Los ácidos grasos son conocidos por jugar un papel importante en la estructura y actividad del sistema nervioso. Recientemente los resultados de estudios epidemiológicos en enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple se han dirigido a la evaluación de la utilidad de los ácidos grasos poliinsaturados sobre esta enfermedad.

Estudios epidemiológicos parecen confirmar los beneficios del  uso en la dieta de ácidos grasos poliinsaturados, especialmente con Omega-3, en enfermedades inflamatorias, autoinmunes y neurodegenerativas. Específicamente con respecto al tratamiento se ha descrito la relación existente entre los ácidos grasos poliinsaturados como base de una nueva estrategia para el tratamiento alternativo en la esclerosis múltiple. Y es que los ácidos grasos poliinsaturados se han asociado con diversos procesos inmunomoduladores y reacciones antiinflamatorias, que podrían influir en el curso de la enfermedad. Muchos pacientes con esclerosis múltiple hacen uso de la medicina complementaria alternativa como parte del tratamiento para ayudar a controlar su enfermedad y los síntomas que se presentan. Se ha descrito que hasta el 70% de estos pacientes prueban una o varias terapias de medicina complementaria alternativa. Este tipo de terapias describen justamente la utilización de ácidos grasos poliinsaturados además del uso de antioxidantes junto con una dieta adecuada. Las investigaciones son muy limitadas en la evaluación sobre la seguridad y eficacia de estas; sin embargo, en los últimos años la National Multiple Sclerosis Society ha estado apoyando activamente la investigación en este ámbito tan importante. Parece prometedora la función de los ácidos grasos poliinsaturados en relación al desarrollo de esclerosis múltiple.

Esta revisión tiene la intención de ofrecer una visión sobre la utilidad de los ácidos grasos poliinsaturados en la esclerosis múltiple. Los Omega-3 derivan principalmente de los alimentos de origen marino (pescados azules o grasos), mientras que los Omega-6 se encuentran en alimentos de origen vegetal (mayoritariamente en aceites vegetales). Los Omega-3 tienden a ser agentes antiinflamatorios más potentes que los Omega-6, pero los efectos de ácidos grasos Omega-6 pueden predominar debido a la abundancia de estos compuestos en la dieta. Los estudios nutricionales sugieren que la dieta occidental es deficiente en ácidos grasos de cadena larga debido a que esta se basa en carnes rojas, granos refinados, dulces y postres. Las hipótesis planteadas en relación a la esclerosis múltiple indican que los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente los Omega-3 aportarían moléculas necesarias para la reconstrucción de la vaina de mielina, la cual es seriamente afectada en pacientes con esta patología. La composición de ácidos grasos determina las propiedades biofísicas de las membranas neuronales, influyendo directamente en el proceso de neurotransmisión. Se ha descrito que los ácidos grasos trans, por el contrario, disminuyen la fluidez de las membranas plasmáticas, generando efectos nocivos para la salud. El uso de suplementos de Omega-3 parece estar asociado con una reducción de la actividad y de los niveles plasmáticos circulantes de células del sistema inmune (linfocitos polimorfonucleares, neutrófilos y monocitos), incluida la reducción de la producción de mediadores de la inflamación. Por otra parte, la ingesta de Omega-6 mejoraría una serie de índices asociados a la respuesta inmune, incluida la proliferación linfocitaria, una mayor actividad de los macrófagos y la producción de citoquinas.

Todos estos antecedentes permiten sugerir un cierto rol protector de los Omega-3 en la esclerosis múltiple, lo cual conduciría a establecer el uso de Omega-3 como eventual, potencial agente antiinflamatorio y neuroprotector en esta enfermedad. La composición de la dieta y la ingesta de ácidos grasos se han sugerido como posibles factores ambientales que afectan tanto el riesgo de enfermedad como su progresión. Como ya se mencionó anteriormente la etiología de la esclerosis múltiple es desconocida; sin embargo, se ha aceptado que la nutrición es uno de los posibles factores ambientales implicados en la patogénesis de la enfermedad. No obstante, su papel como tratamiento complementario no es claro y no se ha tenido en cuenta en gran medida. En la actualidad la terapia de la esclerosis múltiple no se asocia a una dieta en particular, probablemente debido a la falta de información sobre los efectos de la nutrición en la enfermedad. La suplementación dietética específicamente con ácidos grasos Omega-3, según información disponible, ayudaría a reducir la gravedad de la esclerosis múltiple en pacientes con diagnostico reciente y retrasaría la aparición de los síntomas, lo cual se hace efectivo cuando la suplementación es por medio de aceites de origen marino. La eficacia de ácidos grasos poliinsaturados en el tratamiento de esclerosis múltiple se ha evaluado en distintas investigaciones a través del tiempo.

Publicaciones sobre la prevención y tratamiento de la esclerosis múltiple abren las posibilidades a la medicina moderna y han evolucionado en los últimos años. Hoy se conoce una amplia gama de tratamientos disponibles. Sin embargo, la efectividad de dichos tratamientos médicos ha sido variable. Es, por lo tanto, casi inevitable que muchos pacientes recurran a una terapia alternativa como ayuda en el tratamiento de la enfermedad. Hace más de 50 años, Swank y colaboradores, analizaron la incidencia de esclerosis múltiple en diversas regiones geográficas de Noruega. La encontraron menor  en las regiones costeras en las que la ingesta de pescado era más alto y el consumo de alimentos de origen animal era mínimo. Alter y colaboradores, analizaron datos epidemiológicos de veintidós países. La prevalencia de esclerosis múltiple se correlacionó positivamente con la ingesta de energía total, grasa, aceite y proteína. Por encima de todo, la ingesta de alimentos de origen animal se asoció con la prevalencia de esclerosis múltiple. Estudios con una intervención en el aumento del consumo de ácido graso Omega-3 en forma de aceite de hígado de bacalao y aceite de pescado han mostrado una tendencia hacia la reducción de la tasa y la gravedad de las exacerbaciones en pacientes con esclerosis múltiple. Esparza y sus colaboradores, en 1995, demostraron una relación existente entre el avance de la EM y la grasa proveniente de la dieta con estos ácidos. Estudios han demostrado que una reducción en la cantidad de la ingesta de grasas ha mejorado la respuesta inmune y la suplementación de ácidos grasos poliinsaturados, específicamente de Omega-3, reducen la proliferación de ciertos factores como neutrófilos, monocitos y linfocitos incluyendo el proceso inflamatorio.omega 32

En conclusión, hay algunos indicios que permiten sugerir que la dieta con una ingesta alta de ácido Omega- 3 (DHA y EPA) podría contribuir a la prevención e incidencia de una enfermedad neurodegenerativa como  es la esclerosis múltiple. Sin embargo, la heterogeneidad de los estudios controlados, las dosis, la duración,  las variables de desenlace, tamaños de las muestras y posibles sesgos hacen que al momento no exista evidencia concluyente sobre la utilidad de la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados como terapia coadyuvante en esclerosis múltiple. Para corroborar estos posibles beneficios, los estudios deben ser seguidos a largo plazo.

Adaptado de: Medwave el 15 de enero del 2015.