Creó la primera red de habla hispana sobre la esclerosis múltiple y a través de ella comparte su experiencia como paciente.

Imagine tener muy buena vista, pero despertarse cualquier día y ver borroso, como a través de una cámara fuera de foco, o sentir que le falla el equilibrio sin razón. Ana Chereque tiene más de 20 años con estas sensaciones, y gracias a una resonancia magnética que se practicó hace 17 años le pudo colocar un nombre a sus síntomas: esclerosis múltiple (EM). En un futuro, esta enfermedad podría hacer que no logre sujetar bien una taza porque sus nervios no le harán caso, aunque tenga toda la voluntad de hacerlo. Por duro que parezca, esta posibilidad no determina su vida.

¿En qué se diferencia esta enfermedad con la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que se hizo conocida por el reto del “Ice Bucket Challenge”?

La gente con esclerosis múltiple puede deteriorarse igual que una persona con ELA, pero con el tiempo, esa enfermedad es más agresiva. En la esclerosis múltiple se afecta la mielina, proteína que recubre el sistema nervioso central y permite el paso del impulso nervioso. Los tratamientos que hay no revierten la enfermedad solo impiden que avance más rápido.

¿Sabía algo de esta enfermedad antes de que se la diagnostiquen?

Sabía qué era pero nada más. Busqué información, viajé y tomé cursos. No hay razón para estar sin saber.

¿Cómo es su vida con EM?

Tengo 17 años con esto, trabajo, manejo y juego vóley. Claro que tengo síntomas que no se ven, por ejemplo, en la noche hay dificultad para leer porque la pupila se me dilata mucho. Como ya estoy acostumbrada, hago otras cosas o programo mis actividades en función a mi cuerpo y sus reacciones.

¿Cómo cambió su vida?

Tengo otra perspectiva. Vivo mi presente y trato de que sea lo mejor posible. Si tengo dolor y no hay forma de controlarlo, aprendo a vivir con él. Acepto que hay muchas cosas que ya no puedo hacer, y que con el tiempo aparecerán otras más.

¿Perdió el temor al futuro?

Creo que sí. Me deprimo a veces, pero después encuentro cosas que me dan optimismo. En general, para todas las enfermedades, hay un tema de actitud, cuesta pero la otra opción es quedarte mascullando que no puedes hacer cosas.

¿Qué es lo más difícil?

Aceptar que hay cosas que ya no puedo hacer. Como cumplir con horarios de trabajo porque hay días buenos y otros no tanto. Yo lo dejé, pero hay mucha gente que no puede. Y sentirse mal porque no rindes es bien duro.

Muchos son jóvenes…

Es más usual que pase entre los 20 y los 40 años. Es más común en mujeres que en hombres, y ocurre en la edad más productiva. Lo primero que piensas es que no podrás terminar de estudiar, trabajar o llegar a tener hijos. En realidad, la enfermedad es complicada, pero podemos vivir con ella.

¿Qué la motivó a liderar esta red?

Que la gente no sabía. Tenían miedo. Siento que puedo devolverle algo a la vida a través de quienes tienen lo mismo que yo.

¿Qué meta quiere cumplir con la asociación?

Nuestra finalidad es llegar a personas que no tienen un espacio en el que puedan compartir sus experiencias de vida. Viene una terapeuta y una psicóloga una vez por semana. Además, quiero aprovechar mi forma de ver las cosas para decirle a los que tengan -o no- esclerosis múltiple, que aprecien el tiempo que tienen.

24 de Febrero del 2015

Fuente; Diario Correo

Fuente original: http://bit.ly/1Lqj7NS